Publicado en LasCotidianas hace
11 horas y
17 minutos
¿Y quién eres tú?Uno más del montón, señor.¿Y sabes acaso, quién soy yo?Si, señor. Uno menos.©Svor
Publicado en Cuadernos de Bitacora hace
2 dias y
10 horas y
49 minutos
Cada uno lleva un reloj. Hay otro sobre la pared. Ya han pasado dos horas, nueve minutos y quince segundos hace dos, y están impacientes. La sala huele por los ruidos de las camillas que entran y salen. Susana, la abuela, no para de tejer. Le han enseñado que el tiempo es un recurso para ricos. Carlo, el padre, yerno de Susana, está trabajando y ocupado en sus mentiras, pero acaba de llamar diciendo que llegar, llega. Mercedes, la mujer de Carlo, la de los pelos teñidos de amarillo patito, está a [...]
Publicado en LasCotidianas hace
2 dias y
12 horas y
35 minutos
Cuando dejar comentarios no es perder el tiempo Cuando el pasado domina, la vejez se apodera.Madurar no hay tiempo, solo la muerte espera.Yo descorcho otro por lo que fui y soy... Y porque seré queda tan lejos que cuanto más me apuro más me voy sin haber llegado.Dejarse llevar por la intuición es lanzarse al vacío dejando que los huesos se transformen en alas.El polvo se desprende del cuerpo y queda pegado a las sábanas que se arrugan con los días. Cada mañana al levantarme, se que una parte mía [...]
Publicado en LasCotidianas hace
4 dias y
14 horas y
25 minutos
Quise ser todo. Un químico de pelos revueltos, el médico salvavidas, viajero del mundo. Un abogado, el del diablo. Sociólogo independiente y artista. Empleado del mes. Quise haber aprendido idiomas, chino, por ejemplo y ser el más guapo e inteligente de la clase. Definitivamente el más popular. También piloto de cualquier cosa, el amante saciador por excelencia, soltero y emancipadamente eterno. Faltar al trabajo cuando se me cantara las ganas. Mentir sabiendo hacerlo. Mendigo de a ratos. Militar, [...]
Publicado en Cuadernos de Bitacora hace
6 dias y
4 horas y
54 minutos
Llegué a casa a la hora de la siesta, pero en casa nadie dormía.
Mamá estaba sentada a la mesa. Había dejado de coser, y la aguja y su hilo continuaban la tarea que los dedos habían abandonado por encargo. En ese momento no quise verlo.
De pie, la bestia más bella acompañándola. Una mano finamente inmutable, en el hombro de la que me había llevado en vientre y brazo.
Quise moverme; no pude. Papá y mis hermanas en el patio parecían muñecos de cera también. Fue entonces cuando la bestia me miró [...]